Sin Bolton, ¿cambiará la política exterior de EEUU?

… hay que tener en cuenta que no son las personas (Trump, Bolton, Pompeo) ni los partidos quienes hacen la política de Estados Unidos, ni en lo doméstico ni en el ámbito internacional. El poder de decisión fundamental reposa en las manos del “complejo militar-industrial-financiero” o, como algunos lo denominan, «el estado profundo». Este núcleo duro del poder que nadie ha elegido y que es responsable ante nadie es quien, desde finales de la Administración Eisenhower (1953.1961), elabora e impone las grandes directivas que luego, con un inevitable “toque personal”, llevan adelante los presidentes y los jerarcas de la administración de turno. Es obvio que los  gobernantes le imprimen un sello personal que no debe ser desdeñado, pero no es allí donde hay que buscar los fundamentos de las políticas de estado que adopta el imperio… Una vieja política del imperio que cultivaron con empeño todos los presidentes de Estados Unidos desde Eisenhower en adelante. Sanciones económicas a diestra y siniestra aplicadas a gobiernos de países reputados como “enemigos”, a bancos y empresas que efectúen transacciones comerciales o financieras con ellos y a personas físicas o jurídicas involucradas en las mismas. No sólo eso: también bloqueos comerciales, de puertos (en la Nicaragua sandinista), sabotajes, ataques informáticos, linchamientos mediáticos, la sólo enumeración detallada sería interminable… Tomando en cuenta todos estos hechos es fácil concluir que Estados Unidos se ha convertido, con la complicidad de las potencias europeas, en el más peligroso y beligerante “estado canalla” del mundo, que viola la legalidad internacional con absoluta impunidad…

…En el caso particular de la República Bolivariana de Venezuela el legado de Bolton es particularmente gravoso para Trump porque la Casa Blanca quedó empantanada en un callejón sin salida. Esto porque mientras el presidente Nicolás Maduro ha declarado insistentemente su predisposición a reunirse con Donald Trump -pese a la brutal guerra económica de que es objeto, las amenazas militares y la fantochada de Juan Guaidó- la Casa Blanca pasa a la defensiva y debe guardar un absurdo silencio ante la propuesta de Caracas. Producto de las políticas de Bolton a Trump le quedan sólo dos opciones: (a) continuar con una estrategia de “cambio violento de régimen” que ha fracasado en toda la línea y que ha enfriado las relaciones con algunos de sus aliados en la región, diluyendo aún más la ya de por si menguada eficacia del deshilachado Grupo de Lima; o, (b) abandonar el papel rector que la Casa Blanca ha jugado en la oposición venezolana moviendo a su antojo a figuras tan funestas como Leopoldo López, Julio Borges, María Corina Machado, Lilian Tintori, Antonio Ledezma, Henrique Capriles y otros de su ralea y admitir que una salida pacífica de la crisis sólo puede lograrse mediante un diálogo entre el gobierno y una oposición que no sea un conjunto de marionetas que responden dócilmente a la voluntad de la Casa Blanca… Obviamente que la Casa Blanca optó en ese momento por sabotear cualquier salida política y apostar a la violencia y a la asfixia económica y social como método para derrocar al gobierno de Maduro. Resultado: exasperación del bloqueo y aplicación de todas las técnicas de la «guerra de quinta generación» con un costo mínimo estimado por lo menos en 40.000 vidas humanas tronchadas según un informe del Centro de Investigación en Economía y Políticas (CEPR, por su sigla en inglés)  de Washington.[2] O sea, un genocidio, un crimen de lesa humanidad.

Otro tanto está ocurriendo en relación a Cuba, en donde con Bolton o sin él parece difícil que por el momento Donald Trump dé marcha atrás con la suspensión del capítulo III de la Ley Helms-Burton, pieza legal decisiva que organiza el bloqueo a la isla rebelde… nuevos padecimientos a su población en la vana esperanza que de este modo se producirá un estallido popular que acabará con el gobierno cubano y logrará el tan ansiado como postergado «cambio de régimen» en la isla.

Pero Estados Unidos no se detiene ante sus crímenes. Su historia como nación es una larguísima secuencia de horrores y agresiones en donde, como recordara recientemente el ex presidente Jimmy Carter, sólo durante 16 de los 242 años de historia independiente su país se abstuvo de entrometerse en otras naciones y guerrear con ellas. [4]  Por lo tanto, la beligerancia y el guerrerismo están en el adn del imperio y la salida de Bolton en nada modificará este dato constitutivo de una nación que se autoproclama como la elegida por Dios para sembrar la libertad y la justicia en todo el mundo. A cualquier precio.

 

Sin Bolton, ¿cambiará la política exterior de EEUU?

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