España: La pornografía de los disturbios

… Como el resto de ciudadanos que no están en Catalunya estos días, vio los acontecimientos por televisión como si se tratara de un espectáculo, una película distópica en directo o un concierto de death metal de cinco días seguidos…

… La información ya no trata de explicarte el porqué de las cosas. Tan solo te muestra hechos. Cuanto más, adornado con opiniones de la calle seleccionadas para reforzar su relato, o con tertulianos que tan solo hablan de lo que dice uno u otro líder político. O aún peor, que ofrecen análisis simples y a veces hasta conspiranoicos, que se repiten cada vez que hay disturbios. En España, claro, porque cuando arden Caracas o Hong Kong, salvando las distancias, todo tiene una explicación. Aquí, sin embargo, siempre están presentes las hordas anarquistas italianas o los “perfectamente coordinados y preparados” alborotadores que, al parecer, llevaban meses viajando a Grecia o vete tú a saber donde, a aprender tácticas de guerrilla urbana. Te lo dicen periodistas y analistas que lo más cerca que han estado de un movimiento social ha sido en la comisión de fiestas de su pueblo o en las reuniones de la escalera

La información como entretenimiento, y en este caso, lo que algunos llamamos Porno Riot (la pornografía de los disturbios), se ha enquistado en el menú de los medios de comunicación, sobre todo audiovisuales. Esto, cualquier analista sabe que está lejos del papel que deberían ejercer los medios, que es el de informar para entender, no para entretener. Sin obviar el alineamiento de la mayoría de los medios con el relato del poder, que aunque suene a tópico, ciertamente cuesta encontrar fisuras en las informaciones de ámbito estatal que rompan con el marco que reproducen los principales representantes del statu quo, estén en el gobierno o en la oposición

… También es cierto que la espectacularidad de las informaciones suelen motivar más que sofocar los disturbios. El Porno Riot es eso. Apela a la emoción. Unos se creen que España está al borde del apocalipsis y apelan a suspender cualquier derecho fundamental para reestablecer el orden. Otros se indignan al ver la violencia policial y el relato de los medios, y acaban uniéndose a las protestas. Pero todos siguen sin recibir una interpretación razonada. Tan solo estímulos. Y además, muy pocas veces, hablan los protagonistas de los hechos…

… Normalizar estos excesos, ya no contra la prensa, sino contra cualquiera, por las “situaciones de estrés” o la “tensión” a la que sin duda están sometidos los agentes, es más preocupante de lo que parece. A nadie le gusta que un político cometa irregularidades en su gestión, que un empresario no cumpla los protocolos de riesgos laborales, o que un trabajador ponga en riesgo su seguridad o la seguridad de nadie. Pero a la policía se le permite saltarse sus propios protocolos con una asombrosa condescendencia. Los agentes se supone que están entrenados para afrontar este tipo de situaciones. La responsabilidad que tienen es enorme, pues tienen el monopolio de la violencia y representan al Estado. Y aquí no deberían valer excusas. Y menos aún cuando muchas de las actuaciones que hemos visto estos días no son fruto de ninguna situación límite en la que el agente está acorralado, sino de una rabia acumulada y una ira desatada que se siente impune y que roza la crueldad de una manera preocupante. Aún más, cuando esta agresividad se exhibe desde sus propias redes sociales, como una declaración de guerra hacia los manifestantes, como muestra el vídeo que colgaron en la cuenta de Twitter “Antidisturbios”, donde aparece un agente de la Policía Nacional mostrando una bala de goma en la que habían escrito “La republica no existe, idiota. En recuerdo del pelotazo que te di”.

Pero también hay que preocuparse por entender el porqué de todo esto. Y aquí es cuando debemos cuestionar sin miedo a nuestros medios, a quienes eligen los titulares, los contenidos y los relatos, quienes construyen una realidad y un ambiente que puede ser explosivo a pie de calle. Y por supuesto, a nuestros políticos. A los que saben jugar bien al espectáculo al que se han subordinado los medios y actúan como pirómanos, creyéndose dioses, sin ninguna empatía hacia la ciudadanía, vendiendo un relato calculado para su público y sin ninguna intención de resolver nada. Aunque aquí, de nuevo, la correlación de fuerzas no puede ser obviada. El Estado tiene la obligación de resolver un conflicto político con política, no con la fuerza ni tratándolo como un problema de orden público, como viene haciéndolo desde el 1 de octubre de 2017. Y por otra parte, quienes se erigen como portavoces de un movimiento que ya ha pasado por encima de ellos hace tiempo, mientras envían a su propia policía contra “sus” manifestantes…

… Y cuando se apagan las llamas, cambias de canal. Condenar a la sociedad a ser mera espectadora sin darle herramientas para que razone y saque sus propias conclusiones tiene repercusiones irreparables. Aleja al ciudadano de la razón y lo subordina a la emoción. Y esto no ayuda en nada a que estos hechos no se vuelvan a repetir. Es más, contribuye a que los problemas se enquisten. Mientras, políticos y medios siguen interpretando su sainete, ajenos y bien lejos del chico que ha perdido un ojo por una bala de goma, del que ha terminado en prisión, del policía herido y del vecino al que le han quemado el coche.

 

La pornografía de los disturbios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: