Más Bakunin y menos Foucault, por un analisis de clase de las relaciones de poder

…El postmodernismo es un virus que carcome el tejido organizativo; logra imponerse de forma insidiosa y puede llevar al borde de la ruina a organizaciones centenarias…

…No solamente se oponen al proyecto ilustrado (que ensalza la Razón), o a cualquier idea de progreso, sino también a la misma ciencia, que queda reducida a una narrativa más al nivel de la magia o la religión. Foucault manifestó oponerse al “saber centralizador” que representaba la ciencia, y contra los efectos de poder del discurso científico; proclamando que “las genealogías son precisamente anticiencias”. [6] Una excusa para enmascarar la falta de rigor en sus análisis, la utilización de bibliografía más que dudosa (lo que llama “saberes locales”) o la burda manipulación de los hechos (crear un relato) para amoldarse a su particular visión del poder.

Contra la “macropolítica” racionalista -que es básicamente tener un proyecto político colectivo, una alternativa social a gran escala, y una estrategia clara a seguir- los postmodernos oponen sus “micropolíticas” irracionalistas, la acción política sin fundamento racional alguno (irreflexiva). Estas “micropolíticas” las llevan a cabo grupos reducidos (auténticos guetos), que actúan a muy pequeña escala, superando raramente el ámbito local, derivando en luchas dispersas, altamente desorganizadas, y sin una finalidad clara. Las “políticas marginales” desarrolladas por estos grupos tienen un carácter subcultural, entendiendo la “militancia” como estilo de vida, haciendo primar el elemento estético sobre las cuestiones éticas, y utilizando una jerga pedante y vacía con pretensiones de profundidad. En determinadas ocasiones se infiltran en grandes organizaciones como sindicatos donde llevan a cabo una acción disolvente. Estos individuos se caracterizan por su falta de seriedad, ausencia de compromiso y rechazo a seguir la disciplina que marca la organización. En realidad desprecian los movimientos y organizaciones de masas, con lo cual están más cómodos en grupos cerrados de carácter sectario. De hecho, para el postmodernismo la clase trabajadora deja de ser el sujeto de referencia para pasarlo a ser grupos marginales.

En definitiva, representan un callejón sin salida, no una alternativa al sistema, ni desde luego un peligro para éste…

… Foucault nunca llega a realizar un análisis a gran escala, solamente se centra en “micropoderes”, sin tener una visión de conjunto, desdibujando los sujetos que ejercen el poder (o la clase social a la que pertenecen), y dando a entender que no hay finalidad alguna en este ejercicio (pierde de vista el contexto histórico y social en el que se desarrollan las acciones humanas). Asimismo rechaza una concepción materialista de la historia y el papel de la lucha de clases, ya que considera que “las fuerzas presentes en la historia no obedecen ni a un destino ni a una mecánica, sino al azar de la lucha”…

… Solamente un intelectual profundamente alejado de la realidad laboral puede argumentar que partimos de las mismas condiciones en esta “guerra”; pierde totalmente de vista las condiciones materiales -como la existencia de determinada división social del trabajo- que hacen posible la explotación. Si nos atenemos a un análisis clasista observamos que existen dos clases sociales claramente definidas -clase capitalista y clase trabajadora- en relación al papel que desempeñan en el proceso productivo. Los individuos que conforman la primera clase disponen de los medios de producción; los de la segunda solamente disponemos de nuestra fuerza de trabajo, que estamos obligados a enajenar a cambio de un salario. Esto implica claramente una dominación masiva de una clase sobre la otra. Resulta imposible entender las relaciones de poder si perdemos de vista la estructura económica de la sociedad como hace este autor…

… En definitiva, desde un análisis de clase el Estado debe ser concebido como un instrumento de explotación, un órgano de dominación, de una clase sobre otra. Negar su importancia es estar ciego…

… Estas luchas (presos, homosexuales) pueden considerarse, sin duda, luchas dignas, pero no pueden constituir por sí solas una alternativa social. Perder de vista a la clase trabajadora como sujeto de referencia es quedarse anclado en micropolíticas inofensivas para el sistema… Es así que la micropolítica del deseo sustituye en su obra a la lucha de clases… “estrategia” para analizar textos literarios, consistente en perder de vista su significado, el contexto social o las intenciones del autor, en definitiva, despojando a los textos de todo sentido. Desde esta forma de textualismo extremo (“no hay nada fuera del texto”) se analiza igual una novela, que un panfleto político o que un artículo científico. La deconstrucción es un puro ejercicio de retórica inofensivo para el sistema. En general, los autores de esta corriente son famosos por el uso de una serie de términos rimbombantes -micropolítica del deseo, deconstrucción, biopolítica, etc- que quienes los utilizan ni tan siquiera entienden…

… En definitiva, no logro ver qué tienen de aprovechable todos estos autores o sus teorías en organizaciones que se consideran revolucionarias…

 

http://periodicoellibertario.blogspot.com/2020/05/debate-mas-bakunin-y-menos-foucault-por.html

 

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