¿Qué se esconde tras el desprecio generalizado hacia el reggaetón?

… De momento, el reggaetón, además de soportar el chorro de rechazo virulento con tintes racistas y clasistas (por su origen latino y marginal y un ritmo y temática de difícil asimilación occidental debido a la distancia cultural entre los territorios europeos/blancos y latinoamericanos), también será instrumentalizado por ellos: los esnobs, los culturetas…

… Esa cultura rock es como esas organizaciones que dicen disponer de la llave de la sabiduría, vedada al resto de mortales. Una élite superior con sus dogmas, consignas, símbolos y ceremonias, cuyo principal cometido es elevar al individuo por encima de las masas, de la chusma popular». “Mercancía del horror”, Jaime Gonzalo…

… Que algo a lo que se da tanto bombo y de un éxito indiscutible a nivel global sufra una discriminación focalizada no resulta extraño, sino todo lo contrario. Podría decirse, de hecho, que que se trate del género más escuchado es uno de los pilares causantes de esas reticencias, la brecha definitiva entre lo masificado y la crítica vaga, el entender la cultura como catalizador del pensamiento crítico y la realización del ser en toda su plenitud: que todo el mundo quiera diferenciarse y sentirse exclusivo -aunque perteneciendo a la vez a un círculo relativamente selecto- da paso a la fetichización de la música y su eterna búsqueda de la distinción. Rara es la vez en la que las entrevistas a bandas de indie/rock no incluyen alguna pulla despectiva hacia el reggaetón y su público. El alcance del género, ahora ultracapitalizado (tanto como las obras de Warhol o el logo de los Stones), ante los prejuicios y su percepción en sociedad como elemento cultural no-válido o disfuncional…

… La clase baja -de origen- como cualidad inamovible en casos particularmente concretos, o cómo puede tratarse con condescendencia, paternalismo y desprecio clasista (sí) a personalidades multimillonarias por no encajar en el proceder y las maneras de la alta sociedad idealizada: lujo discreto, modales refinados etc. en oposición a la ostentación y exhibición excesiva de bienes materiales y capital social. Desde casi cualquier artista de “música urbana” de alto standing (no de alta cuna) a la propia Belén Esteban, por poner ejemplos dispares pero con un factor común: la clase de procedencia. A pesar de sus rentas, sólo se les reconoce el estatus que ocupan para exculparnos de haber lanzado ataques más que cuestionables: “¿cómo voy a ser clasista con ellos si son ricos?”, incluso cuando se les tacha de paletos, chonis, o haciendo uso de expresiones tan transparentes como “barriobajeros”, concepto del que muchos artistas del género se apropian con orgullo, pues sus orígenes se encuentran en los guetos y suburbios de la isla de Puerto Rico.

Que se ponga el foco en la opulencia (evidente) de los reggaetoneros, cuando el panorama pop yanki son abrigos de pieles y yates (en 2016 The Economist publicó que entre las estrellas del pop hay, en proporción, el doble de personas con educación privada que entre el resto de la población) debería llevarnos a reconocer que nuestro imaginario entraña racismo y determina a quiénes sí les corresponde hacer alarde de abundancia y a quiénes no: señalar exclusivamente que los reggaetoneros se compran cochazos, joyas y demás parafernalia hortera como si se tratara de un rasgo exclusivo de ellos deja entrever un “jodidos sudacas que tienen dinero”, porque, en el ideal de carácter reaccionario, la comunidad latina debe quedar relegada a ser pobre, arreglarnos el tejado en B y a limpiar nuestros cuartos de baño.

¿Es el machismo connatural al reggaetón? ¿Se trata de un género fundado sobre la misoginia? Que su principalidad consista en tratar la sexualidad de manera explícita -e incluso obscena- no significa que su esencia sea la “cosificación” de las mujeres, sino, probablemente, el plantear una sexualidad que trascienda a la esfera privada y pensamiento ultracatólico, lo que, sin duda, choca frontalmente con nuestro costumbrismo. Pero para comprender el desencadenante de la conducta debemos prestar atención a la erótica cultural que se produce en cada territorio, pues la sensualidad no se socializa de igual modo en países nórdicos europeos que en los caribeños, por ejemplo. Si atendemos a las canciones, con independencia de si nos interesan realmente o no, observaremos cómo se da un patrón en el cual se trata el consentimiento e incluso la complacencia hacia la parte receptora. Frases como “soy servicial con sus deseos” o “yo te doy lo que quieras” y otras variantes se repiten de manera recurrente, todo lo contrario a la agresividad que se les presupone mediante su beat robusto…

… Así como cuando mencionamos la “música prosistema”, en un sentido histórico y estricto, no podemos obviar la clásica: de palacio y siempre complaciente con la clase dominante, hecha por blancos ricos para blancos ricos…

… Hablemos a las claras: el reggaetón muchas veces es machista, el rock muchas veces es machista, tu vecino del tercero muchas veces es machista, y tú, por supuesto, también. No se trata de fomentar una evasiva en pos de la censura a la crítica legítima y necesaria, sino de entender que hacer concreciones tan específicas sobre lo que es sistemático y general podría deberse a sesgos problemáticos que conviene identificar. No va de “como todo es machista, lo dejamos pasar”, sino de ser conscientes de hacia quiénes y por qué razones dirigimos esa hostilidad diferenciadora.

«Ningún género actúa exclusivamente como arma de distracción masiva y ningún género está por defecto y siempre del lado del progreso. Todos los tipos de música pueden estar al servicio de un sistema de opresión, pero todos pueden también formar parte de nuestra liberación. Su significado social no está fijado. De hecho, la misma pieza de música o evento musical puede tener varios sentidos a la vez». Dave Randall en “SOUND SYSTEM. El poder político de la música”.

Las letras de reggaetón son, en su mayoría, simples, sí. La música, entendida como una serie de composiciones rítmicas, se remonta al arte prehistórico, creada para acompañar rituales y fortalecer el sentimiento de comunidad: danzas, celebraciones o ceremonias. Sin embargo, la música para ser escuchada de manera contemplativa-individualista surge, más adelante, con el enfoque elitista de la cultura durante la época medieval. ¿Qué hay de malo, entonces, en que existan músicas cuyo cometido sea instarnos a mover el culo y romper la pista? Asimismo, la música urbana (o música popular) nace en la calle, en los barrios, sin recursos, sin una formación determinada y sin medios (ni financiación). Es música que no requiere más que la voluntad de hacerla. Por supuesto al sibarita le inquieta que cualquiera pueda crearla sin invertir el dinero que nos falta y el tiempo que no tenemos en un conservatorio. Que no sea una orquesta sinfónica no la convierte en menos música (ni en peor) y pensar que la música debe ceñirse a la complejidad es hacer una lectura extremadamente reduccionista y ahistórica…

… Sobra decir que no existen músicas excluyentes de otras y que Tego Calderón, Ennio Morricone, Estopa y AC/DC son perfectamente compatibles en la misma playlist.

 

https://www.kamchatka.es/es/esconde-desprecio-reggaeton

 

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