La derecha sin miedo a la calle: Marchan con el pie derecho

No marchan sólo en Argentina. Marchan en todos lados y parece que continuarán haciéndolo. Perdieron el miedo a la calle. Ese dominio de los movimientos piqueteros, gremios y trabajadores pauperizados, donde ellos despotricaban si un corte de tránsito por salarios o vivienda digna los importunaba. En Estados Unidos marchan armados y en milicias con fusiles a la vista para matar rinocerontes. Son racistas sin disimulo, crías del Klu Kux Klan, que esperan el advenimiento de un nuevo führer aunque por ahora siguen a Trump. Es su líder –quizás algo moderado para su paladar- y lo votarán el 3 de noviembre. Aborrecen al movimiento Black Lives Mater. Marchan también los de la diáspora de Miami que rumia su furioso anticomunismo con aroma a ron cubano o a chicha, la tradicional bebida venezolana. Son la remake más extrema y actual de otras marchas muy pretéritas, con pinceladas de la que Benito Mussolini convocó a Roma en 1922 o aquellas de la falange española que cantaban De cara al sol. Pasó casi un siglo o algo menos, pero al mundo lo ven todavía con ojos de los años ’30 o de la Guerra Fría…

Alarma este tsunami de ideario difuso para los canones de la derecha tradicional, que de manual ha sido siempre librecambista en lo económico y muy conservadora en lo político-cultural. Alarma porque tiende hacia la uniformidad destituyente que se robusteció en un contexto donde gobierna en varios países y si no gobierna, desestabiliza. Le resulta intolerable subordinarse a la voluntad popular. Su músculo recobró fuerza por los éxitos electorales que de Europa pasaron a Estados Unidos y del norte bajaron hacia América del Sur. Este es un continente donde un ligero deslizamiento hacia la derecha provoca movimientos sísmicos contra cualquier avance político-social, por más mínimo que fuera. La intensidad siempre la midió Estados Unidos…

… Las marchas, una herramienta aborrecida cuando las protagoniza el pueblo con su larga fila de desposeídos, han sido revalorizadas por esta derecha del siglo XXI. En Brasil y la Argentina resulta muy evidente. Acaso el antecedente más lejano sean los cacelorazos contra Salvador Allende en Chile –ahí se patentaron– que empezaron a desestabilizar a su gobierno hasta su derrocamiento y muerte en el combate desigual de La Moneda. Mucho más cerca en el tiempo las sartenes de teflón o las ollas de latón todavía resuenan en Recoleta y Barrio Norte y se desparraman por todo el país.

En las avenidas de San Pablo y Río de Janeiro pasó otro tanto desde el Mundial de la FIFA 2014 hasta hoy, aunque la pandemia desplazó a las consignas destituyentes por un clamor contra las cuarentenas que impulsaron los gobernadores. Buenos Aires y otras ciudades del interior muestran un paisaje que combina ambas proclamas en estos días primaverales mientras miles de trabajadores de la Salud se juegan la vida ante el Covid-19. Sin la mínima empatía, ellos y ellas van con sus camisas nuevas asomados en sus autos descapotables. Rodean el Obelisco o la Quinta presidencial de Olivos convencidos de que encarnan los valores republicanos. Marchan al son del Clarín aunque ya no les haga falta desempolvar los uniformes de otras épocas.

https://www.pagina12.com.ar/299220-marchan-con-el-pie-derecho

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