Perú: NUEVA REPUBLICA, ESTADO PLURICULTURAL y DESCENTRALISTA

Vicente Otta R.

Se han abierto las compuertas que han mantenido en la desmovilización, apatía y cierto conformismo a millones de peruanos. La guerra sucia fujimorista, las políticas represivas, descabezaron las organizaciones sindicales y sociales en los años 90; la política de tierra arrasada, de asesinato de líderes campesinos y obreros, de destrucción de las organizaciones campesinas y sindicales autónomas, que no se plegaban al accionar terrorista de SL, produjeron una acentuada dispersión social, la rotura de todo el tejido social. Esta ausencia de liderazgos y organización gremial y social es lo que explica la desmovilización y la carencia de resistencia activa a la políticas leoninas y abusivas de los gobiernos de los últimos 25 años.

Las movilizaciones de las últimas semanas parecen anunciar el cierre del ciclo de las políticas neoliberales, que se implementan con dèbil resistencia. Parece haber empezado el ciclo de la resistencia activa y de crítica abierta al orden impuesto por Fujimori-Montesinos en 1993.

El agotamiento de la constitución fujimorista de 1993

Las tres décadas de carnaval de la codicia y enriquecimiento de los grandes empresarios nativos y las transnacionales parecen estar llegando a su resaca.

La privatización de los servicios básicos, el aumento de la pobreza y la exclusión social; el envilecimiento de la educación y recorte de la atención sanitaria, amén de la corrupción que alcanza niveles exponenciales, ha producido tal hartazgo, que se está expresando en estallidos sociales y una creciente indignación social. La ciudadanía empieza a intuir que los males no son producto de algunos gobernantes solamente, sino que tienen su origen en el régimen que define el funcionamiento del Estado y los gobiernos que se suceden, indolentes a la necesidad de los pobres, pero atentos y serviles al gran capital y su burocracia.

Cada vez se hace evidente para amplios sectores de la sociedad nacional, especialmente los jóvenes, que la mejor forma de combatir estos males es cambiando la constitución fujimorista vigente, que es la fuente jurídica y política que la sustenta.

Las movilizaciones últimas parecen anunciar el tránsito a una acumulación de fuerzas, que bien orientado puede convertirse en palanca de modificación de la actual correlación de fuerzas existente.

En el Bicentenario, cancelar definitivamente la Republica criolla y semicolonial

La experiencia histórica demuestra que en sociedades caracterizadas por la existencia de diferentes etnias o naciones, en que el estado se ha construido como expresión del poder de la nación o etnia dominante, excluyendo a las otras; y ha tenido un largo periodo de vigencia ( el peruano, étnica, cultural y políticamente tiene continuidad esencial desde el siglo XVI hasta nuestros días) requiere para su transformación, de Estado Uninacional en Estado Pluricultural, de un proceso complejo y por lo general traumático (el ejemplo boliviano y ecuatoriano son aleccionadores al respecto)porque se trata de subvertir un orden fuertemente sedimentado y enraizado en la cultura y el sentido común de la sociedad. En nuestro país, el racismo, la exclusión y la aceptación de ciudadanías “diferenciadas” son producto de este dominio criollo-blanco, y asumido como normal hasta la actualidad.

Esta mentalidad y sentido común son los que tienen que ser criticados, modificados y subvertidos; cambios que tienen que traducirse en una sensibilidad diferente, en una nueva cultura, en fuerzas críticas operantes que se transforman en organización y movilización social y en una nueva ciudadanía, intercultural. Igualitaria, respetando las diferencias. En proyecto político renovador que se materializa en un nuevo tipo de estado.

Estos factores tienen que hacerse vigentes en el conjunto de la sociedad y no solo en algunos sectores, indígenas o movimientos sociales. La radical modificación del actual status quo, el nacimiento del Estado Pluricultural requiere una nueva correlación de fuerzas sociales y políticas.

Reformas velasquistas, el tránsito inconcluso y el empate catastrófico

Sin duda las reformas velasquistas-1968-1975-producen una enorme modificación de las estructuras económicas y sociales, pero no logran liquidar el poder oligárquico señorial, que sobrevive atrincherado en ámbitos económicos, financieros, comerciales e ideológicos-culturales. Estos sectores que controlan el estado desde 1821, resquebrajados por las reformas velasquistas, se recomponen con el triunfo del segundo belaundismo que actúa como una fuerza restauradora. Este proceso de recuperación del poder oligárquico, no puede retornar al pasado de su poder omnímodo, pero tampoco son eliminados, pues no se profundizan ni culminan las reformas. Tareas que exceden las posibilidades de la institución militar, y en la sociedad había cosechado más oposición que apoyo, aun desde la izquierda que políticamente debería sentirse próxima a estas reformas sociales y nacionalistas.

Es el fujimorismo, versión criolla y actualizada de cesarismo que legitima un populismo derechista, que se empieza a romper el empate catastrófico desde la derecha, produciendo como resultado una hegemonía neoliberal con soporte social popular, que va a durando ya 30 años.

Con la aureola de triunfo histórico, erigido Fujimori, en “salvador de la patria” es que se produce la constitución de 1993. Hechura de tecnócratas del BM y FMI, operadores del consenso de Washington, que instalan el modelo neoliberal, vigente desde entonces.

Esta tecnocracia formada en las universidades americanas, se convierte en articulador del capital transnacional y la neoligarquía peruana, que se forma en este periodo con reciclados restos señoriales, y el capital financiero y transnacional. Esta tecnocracia opera desde el Ministerio de Economía y Finanzas-MEF- que es el superministerio que decide e implementa la política económica, digitada vía Washington, desde 1993. Es parte funcional del nuevo poder vigente.

Este sistema de poder, se sostiene y retroalimenta con la constitución fujimorista del 93.

Nueva República, estado Pluricultural y Descentralista

Los gobernantes de los últimos 30 años, sus tecnócratas, medios de comunicación y opinólogos vienen pregonando que la ausencia de atención y servicios a los pueblos indígenas y regiones del interior del país, la persistencia del desempleo, de muy bajos ingresos, desnutrición y anemia en amplios sectores de la población se produce por la carencia de mecanismos e instrumentos del estado, especialmente por falta de gerencia pública adecuada y débiles mecanismos de aplicación y control de las políticas públicas. Sin negar que este argumento tiene su dosis de realidad, lo cierto es que la causa fundamental es esencialmente política; de falta de compromiso político y práctico, de valores e ideas que se plasman en hechos materiales, que prioricen la atención de las poblaciones vulnerables en las políticas públicas y en las acciones administrativas cotidianas del Estado; y lo que es más importante, que guarden coherencia y honestidad en el momento de su implementación. Llevar a cabo este cambio implica una profunda modificación de las prioridades políticas y de gestión publica.

En otras palabras, un estado constituido como entidad uninacional desde su fundación, carece del ethos, vocación y expresiones políticas materiales para actuar al servicio de gentes que no sean de su “clase”. La disposición para realizar políticas de servicio y atención a gentes diversas, con necesidades diferentes y formas peculiares de atención, solo pueden provenir de un estado constituido para realizar este servicio y atención. Servir a poblaciones con idiomas, costumbres y requerimientos variados, solo es posible en tanto que el estado que lo atiende, los representa raigalmente, esto es, su carácter responde a esta heterogeneidad social y cultural. Es decir, un Estado Pluricultural y Descentralista.

Nuevos valores, nuevas políticas y nueva gestión administrativa requieren de personas y equipos políticos y autoridades diferentes a la existente; de servidores públicos con una mentalidad, habilidades y competencias nuevas. Requerimos que estos servidores públicos conozcan nuestras realidades múltiples y complejas, los diversos idiomas que nos comunican, las diferentes costumbres y usos, la diversidad de música, danza, gastronomía y vestimenta. Autoridades y funcionarios deben ser bilingües e interculturales. Estos requisitos, amén de la calificación técnico-profesional tienen que ser tenidos en cuenta para aplicar como empleado público y/o autoridad. Este tipo de servidor publico y autoridad no existe, ni interesa en el perfil de la burocracia actual.

El sistema de representación política en el nuevo estado debe contemplar una representación directa y por cuotas, de los grupos étnicos en el nivel nacional y subnacional, según sea la densidad y cobertura demográfica de los pueblos y su asentamiento territorial.

De esta magnitud son los cambios que debe acometer una verdadera reforma del Estado peruano. Las políticas públicas son las formas específicas en que se materializa la relación estado-ciudadano. Por consiguiente, atraviesa todos los sectores y áreas de la administración pública, con mayor énfasis en los niveles locales y regionales que son los ámbitos donde la diversidad social y cultural de nuestro país se expresa en toda su riqueza y complejidad. Por estas razones el nuevo estado tiene que ser Pluricultural y Descentralista.

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